Cuantas veces escucho la palabra "pregonero" mi disco duro localiza a velocidad de vértigo la imagen de Conrado.
Así se llamaba el "pregonero" de mi pueblo. Tenía yo unos ocho años y él unos sesenta. Tenía yo - ¡¡qué afortunado!! una llanta de bicicleta para jugar a las carreras y él una trompetilla como de bronce, aunque parecía oro.
Sonaba el cuerno dorado de Conrado y la gente que se acercaba a las cuatro esquinas guardaba silencio para no perderse detalle:
"Se hace saber - tan alto y tan claro como le permitía la edad de sus pulmones y sus ahumadas cuerdas bocales - que ha llegado a la plaza, un carro de hortelano cargado de patatas, pepinos, tomates, pimientos, lechugas y zanahorias. Así como otro carro con espuertas de esparto, alpargatas, sarianas y abarcas. Tambien arregla pinchazos de bicicleta y sartenes".
Terminado el pregón el bullicio volvía a las calles de tierra y piedras.
Este mensaje y otros semejantes eran los que lanzaba el "pregonero": Conrado.
Entonces había Semana Santa, claro; pero no Pregón de...
Había Domingo de Ramos, días de Pasión y Domingo de Resurrección. Una semana vivida, sentida, celebrada... pero sin Pregón de...
Hoy los Conrados serían, creo yo, los medios de comunicación. Política, sociedad y comercio son pregonados por los Carlos Herrera, Francino, Matías Prats, etc, etc.
Y curiosamente a ellos se acude - antes que a nadie - para pedirles si tendrían la bondad de hacer el Pregón de...
No es fácil, claro que no, pero algunas veces se prestan. Y sus pregones, a veces son más interesantes que los que lanzaba Conrado, el de la trompetilla.
Un pregón inolvidable e inmejorable, por los siglos de los siglos, fué el que hizo Don Antonio Garmendia en Alcázar de San Juan con motivo de la Semana Santa.
Un pregón digno de releer cada año en la semana de Pasión, para tener una idea más aproximada de lo que realmente se celebra.
Un día lo reproduciré para gozo de seguidores e impotencia de imitadores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario